Un hombre me agregó a Facebook, teníamos como 10 amigos en común, por lo que accedí a aceptarlo. Me habló, me contó que también es periodista, que también trabaja en una radio, hablamos un par de veces, me contó de su mujer, de su hijo... Todo bien, admito que sus conversaciones no me interesaban mucho que digamos, pero bueno, "es un colega", pensaba y mi filosofía, aún hoy, es la de expandir contactos. Me siguió hablando a lo largo de los días y me preguntó sobre la posibilidad de vernos. "Seguramente nos cruzaremos por ahí", dije yo sin mucho entusiasmo. Ayer volvió a insistirme con lo mismo y acotó un "es que me caes muy bien". "Podríamos tomar unos mates un día que puedas", propuso. "Bueno", pensé yo, "le digo que sí, que un día de estos arreglamos", partiendo de un pensamiento básico: "El muchacho está casado, tiene un hijo pequeño, no me está invitando con intenciones románticas o sexuales, sino que quiere charlar un rato". Y partí de ese pensamiento porque yo me rehuso a pensar como ese tipo de minas que creen que todo el mundo está detrás de ellas. Yo no soy así ni lo voy a ser nunca. Tras esa respuesta, el susodicho escribió: "Pero eso si, para arreglar avisame por acá, porque mi mujer es hipercelosa y si se entera de estos mates, me mata. Oki?".
Si el tipo no tiene la confianza con su mujer para aclararle que invita a una chica que no conoce a tomar unos mates o si es tan forro como para invitarla a pesar de saber que a su mujer no le gustan esas cosas, no es problema mío.
Yo absolutamente "oki" con mi vida. Pero con esa boludeces no. Oki?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario