Me cansa hacer un trabajo que no me gusta.
Me agota dar vueltas y vueltas en mi cabeza reflexionando sobre la posibilidad de renunciar.
Me cansa no poder quejarme abiertamente de mi trabajo, sin sentir culpa por quienes ni siquiera consiguen laburos relacionados con los medios.
Me harta que el director del diario en el que trabajé -y del que lamenté haber renunciado a los pocos meses- no se apiade de mi y me contrate de nuevo.
Me saca saber que mientras yo le pido volver, él contrata a otros fulanos.
Me cansa arrepentirme de haber dejado ese, que en realidad, era mi trabajo ideal.
Me agota torturarme a mi misma por no haberme dado cuenta en el momento.
Me desespera no tener el valor de animarme a sacar un pasaje con rumbo desconocido.
Me decepciona resignarme a mi rutina diaria.
Me harta quejarme todos los días de mi función en la radio.
Me cansa aburrirme.
Me harta desear otros laburos y mientras tanto, seguir cumpliendo con este todos los santos días.
Agotada
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