lunes, 1 de febrero de 2010

El día después

Hace mucho, mucho tiempo que no tomaba tanto. Mucho mucho y tanto tanto. Mi amigo Fede -futuro físico y actual organizador de fiestas con mucho alcohol- cumplió 24 años y el festejo correspondiente incluyó grandes cantidades de bebidas. Yo tómé, comí, tomé, me reí, tomé, me reí mucho, bailé, tomé y volví a reirme. Resultado: el domingo fue un día perdido absolutamente. Mi cerebro sólo aceptaba mantenerse en posición horizontal.. Así que recién pude levantarme de mi cama alrededor de las 15, aunque estaba despierta desde las 10. Sin embargo, fue muy reconfortante haberme logrado embriagar con estilo. Mantuve la alegría durante toda la noche y madrugada, pero nunca estuve ni siquiera al borde de los vergonzosos episodios de descompostura, vómitos, y todos esas situaciones lamentables que suelen acompañar a los episodios de borrachera. Simplemente, tuve resaca. Dolorosa e incómoda resaca. Pero quién me quita lo bailado!?

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